Stephen King – Imagen by Marcelo

La edición independiente es la única salida para los escritores que no consiguen publicar su obra (todavía). Si le pasó a Stephen King, ¿por qué no me iba a pasar a mí?

El génesis de la edición Independiente

Stephen King, célebre autor de novelas y cuentos de terror, misterio, ciencia ficción y literatura fantástica, con 350 millones de ejemplares vendidos, y un sinfín de adaptaciones para cine y televisión, sufrió el rechazo de las editoriales en los inicios de su carrera.
Hay algo así como una maldición que sufrieron cientos de escritores desde Marcel Proust hasta Borges, desde Agatha Christie hasta J.K. Rowling, por mencionar solo a algunos. Marcel Proust, y el mismísimo Edgar Allan Poe pagaron por la publicación de sus primeros materiales literarios, y Virginia Woolf creó junto a su marido, su propia editorial Hogarth Press.

Sucede que la subjetividad es tan tirana, que oculta de la vista lo evidente, entorpece el juicio de los que deciden y alimenta el ego del que tiene el poder de considerar su gusto propio como paradigma de lo colectivo o de las grandes mayorías. El factor común es el “negocio” y lo que determina la edición no es la calidad literaria sino el mercado.
Por eso el perfil de un escritor debería incluir al menos dos cualidades de índole íntima y personal: Tenacidad (persistencia) y Resistencia (fortaleza), representado en jamás bajar los brazos, endurecer el cuero y seguir buscando.

El sujeto que escribe, lo hace por un mandato superior, un don que le ha sido concedido. Es una necesidad con categoría de compromiso social, o rol irrenunciable de exposición, porque la obra cobra vida en los ojos del lector o del observador externo.

Los escritores independientes atravesamos un proceso hasta llegar a la primera publicación, en que todo se hace inalcanzable y oscuro, y nos planteamos para qué o para quién escribimos, y solemos contestarnos con las respuestas más ominosas en función del mal momento.
Stephen King ha sido lapidado por la crítica, colocado en un parnaso de escritores comerciales como si esto tuviese un demérito cualitativo de su producción. Quisiera saber si él se plantea esta crítica como válida, o solamente escribe lo que le gusta escribir, e incluso lo que le gustaría leer. Lo que claramente no hace es dejar de producir, y ese es el mensaje.

Edición Independiente según Stephen King

Seleccioné un texto de Stephen King, de su libro “Mientras Escribo” que habla de este proceso por el que todos irremediablemente pasamos y que debería animarte a seguir buscándole la vuelta:

Al recibir la nota de rechazo del AHMM (Alfred Hitchcock’s Mystery Magazine), clavé un clavo en la pared de encima del Webcor, escribí «Happy Stamps» en la nota y la enganché en el clavo. Después me senté en la cama y puse I’m ready, de Fats (Dominó). La verdad es que estaba bastante contento. A la edad en que todavía no hay que afeitarse, el optimismo es una respuesta perfectamente legítima al fracaso.

Cuando tuve catorce años (y me afeitaba dos veces por semana, hiciera o no falta), el clavo de mi pared ya no aguantaba el peso de todas las notas de devolución que había ido acumulando. Lo sustituí por uno más largo y seguí escribiendo. A los dieciséis ya había recibido algunas notas con mensajes a mano un poco más alentadores que el consejo de no grapar y usar clips. La primera de las notas esperanzadoras era de Algis Budrys, a la sazón director de Fantasy and Science Fiction, que leyó un cuento mío titulado «La noche del tigre» (creo que inspirado en un episodio de El fugitivo donde el doctor Richard Kimble trabaja en un zoo o un circo limpiando jaulas) y escribió: «El cuento es bueno. No está en nuestra línea, pero es bueno. Tiene usted talento. Envíenos más cosas».

Sólo eran cuatro frases cortas garabateadas con una pluma que manchaba mucho, pero alegraron el triste invierno de mis dieciséis años. Unos diez años más larde, cuando ya había vendido un par de novelas, descubrí «La noche del tigre» en una caja de originales viejos y considere que seguía siendo un relato muy digno, aunque se notará que lo había escrito un principiante. Entonces lo reescribí y me di el capricho de volver a enviarlo a F & SF. Esta vez, lo aceptaron. He observado que, cuando ya has tenido un poco de éxito, las revistas recurren bastante menos a la fórmula «No está en nuestra línea».

Hay formas de acceder a tu primera edición. Te sugiero que busques tu camino, incluso, si te lo propones, hasta podrías aprender a maquetarlo, imprimirlo de manera sencilla y encuadernalo con tus propias manos. Yo estoy convirtiendo en libro mi propia experiencia como editor independiente con el que espero poder ayudar a otros en la misma situación.
Porque escribir no es un hobby, un pasatiempo, una descarga inútil de energía creativa. Escribir, en todo caso, es una necesidad y solo tiene sentido cuando llegamos al menos a un lector, no importa si es un pariente o un amigo.

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