La Metáfora de Stieg Larsson

Pero si quieres ganar, vas a tener que luchar.

“La reina en el palacio de las corrientes de aire” (2007)
Stieg Larsson”:

Cuando vendí el primer ejemplar de Vestigios, en la presentación oficial del libro en la Galería Arte por Arte, gané mucho más de lo que Stieg Larsson ganaría en vida. Y no pretendo presumir de un éxito simulado sino de resaltar la ironía más cruda de la realidad.

La saga póstuma

Él no llegó a ver que la saga Millenium vendió 80 millones de ejemplares, más los derechos de dos adaptaciones cinematográficas (una producida en Suecia, y la otra en Estados Unidos) y no le quedó un solo centavo a su mujer, lo que generó un litigio de proporciones con la familia Larsson, con quienes, dicho sea de paso, no existía una estrecha relación mientras Stieg estaba con vida.


Stieg Larsson (Curiosidades) – La Biblioteca de Hernán

En el video que acompaña esta nota, podrán tener una semblanza de quién fue Stieg Larsson por lo que no ahondaré demasiado en su biografía. Bastará decir que nació un 15 de agosto de 1954 en Skelleftea, Västerbotten, Suecia y falleció súbitamente trabajando en su oficina en la redacción de la revista EXPO, revista que dirigía, en Estocolmo, Suecia, el 9 de noviembre de 2004. También señalar que fue escritor, novelista,

periodista y corresponsal de guerra, y autor de la trilogía de novelas policíacas “Millennium”, formada por “Los hombres que no amaban a las mujeres” (2005), “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” (2006) y “La reina en el palacio de las corrientes de aire” (2007).

La Saga Milenium

Stieg Larsson y la necesidad de publicar a tiempo

Stieg Larsson

El tema en cuestión, la metáfora, es la necesidad de avanzar sobre la edición de nuestros trabajos literarios, antes que sea tarde. Larsson tenía un tesoro en las manos, lo sabía, pero estaba comprendido como todos, por la incertidumbre y la angustia de concretar la publicación y ver su obra en las bateas, básicamente porque creía que iba a vivir el resto de su vida con los dividendos de esa historia.  

Larsson no conseguía editor, luego de tres años en los que completó 2.286 páginas tecleando a deshoras después de una larga jornada en la redacción de Expo, y también en los que fumó sesenta cigarrillos al día, y se alimentó solo con comida chatarra y que le costó la vida… Esperó a tener las tres novelas terminadas, pudiendo haber intentado el derrotero cuando acabó con la primera. Pero no, puso el freno y se armó de paciencia.

Luego de muchas vueltas terminó en Piratförlaget, una editorial sueca enfocada en bestsellers: ni siquiera se molestaron en recibirlo. Stieg estaba bastante decepcionado con este tema. Hasta que un amigo bien vinculado, consiguió que alguien en Norstedts, la editorial más antigua de Suecia y una de las más grandes del país, atendiera el favor y se encontrara con una obra descomunal y a la postre exitosa. Su salud, o la súbita e inesperada falta de esta, le jugaron una mala pasada y se fue sin conocer el alcance de su obra.

La figura retórica a la que nos remite, es a la del trabajo duro, donde la confección literaria es apenas el primer paso. Sepa el escritor que a menos que se trate de una rara excepción a la regla, un diamante en bruto, o alguien con “relaciones”, tendrá que recorrer un largo camino con su obra bajo el brazo, o tomar las nuevas calles empedradas y desparejas de la autoedición en alguna de sus formas posibles. El tema es hacerlo ahora. Ni Borges se salvó de autopublicar sus primeros tres libros.

Destino

John-Henri Holmberg, un editor sueco, que se reunió con Stieg Larsson, transcribió una frase que el autor le dijo tres semanas antes de su muerte. Ante la pregunta de cuáles eran sus expectativas cuando envió los manuscritos a la editorial Norstedts el autor le dijo: “Si quisiera ser sarcástico, diría que las expectativas no tienen nada que ver”. “Pero cualquiera que escriba para comer cree que su material tiene valor comercial, ¿verdad? Yo creo que mis libros tienen esa cualidad. Es por eso que los envié para su publicación. Sé que son buenos. Sabía que alguien iba a querer publicarlos. Esto es mi fondo de jubilación”.

Larsson no era rico, un trabajador de clase media, que escribía por compulsión a cambio de un sueldo en Expo y a cambio de una vida mejor en su casa. Trabajaba alrededor de 15 horas por día.

Si encontrás alguna inspiración en esta nota, es porque tu destino es ahora.

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